Si este amor, vestido de noche oscura
llama a mi puerta. Si viene
para llevarme al otro lado del espejo;
no tendría que hacer equipaje.
Si me busca en un bosque
de árboles desangrándose; no tendría
que cubrir la desnudez de mi cuerpo
con hojas que el viento esparce.
Si este amor, nacido entre margaritas y amapolas
el sol implacable con lengua de fuego abrasa;
llamaré a la lluvia con mi último aliento,
le pediré que me arrastre
hasta las entrañas de la tierra.
Yaceré en la insonora oquedad
hasta que un día, una nueva lluvia
vierta en mi su simiente.
De la negrura hermética del suelo
volverá a levantarse mi cuerpo,
como olivo hospitalario
donde descansa el viajero
y los pájaros
refrescan la memoria.
Después
del amor, la tierra.
Después
de la tierra, nadie.
MIGUEL HERNÁNDEZ
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